EL BARCO FUNERARIO DE KEOPS

En 1954 se confió al joven arqueólogo egipcio Kamal al-Mallakh la pesada misión de eliminar un cúmulo de detritos situados a unos veinte metros del lado meridional de la gran pirámide de Keops, el faraón que vivió a mediados del III milenio a. C., del que se tienen muy pocas noticias. El trabajo, aparentemente aburrido, propició, en cambio, la aparición de una obra de excepción, que había permanecido oculta durante muchos siglos. Efectivamente, entre los detritos se conservaban más de 40 enormes bloques de piedra caliza que cerraban el acceso a un gran pozo, de más de 30 m de profundidad, excavado en el banco de roca natural.

Al apartar los bloques se descubrió la presencia de una barca de madera, parcialmente desmontada a causa de su notable longitud, unos diez metros superior a la anchura del pozo. Si bien el descubrimiento de fosas para barcas, construidas junto a las pirámides, no es nada raro (en los lados orientales de la gran pirámide hay otras tres), las destrucciones originadas por el tiempo en un material tan caduco como la madera y los numerosos saqueos de los profanadores de tumbas contribuyen a convertir la nave de Keops, perfectamente conservada, en un hallazgo de imcomparable valor histórico y documental. Las 1.274 piezas de madera que forman la barca, ensambladas en su origen mediante un complejo sistema de cuerdas, representan en la actualidad uno de los testimonios más antiguos de la refinada técnica de ingeniería naval.

¿Pero qué función podía tener una embarcación de tales dimensiones y a qué tipo de transporte se destinaba? Las interpretaciones al respecto son diversas. Probablemente, como el resto del riquísimo ajuar funerario, se destinaba a la vida ultraterrena del faraón, como vehículo para el viaje al más allá. De todos modos, no se excluye que la barca llegara a navegar realmente, acaso tan solo una vez, para transportar el cuerpo embalsamado del difunto Keops en su último viaje terrenal hacia la sepultura. La interpretación está avalada por la presencia del nombre de Redjef, su hijo y sucesor, grabado en los bloques calcáreos que sellaban el pozo. Ello probaría que la embarcación fue colocada junto a la gran pirámide después de la muerte del faraón, y que toda la obra de sepultura fue llevada a cabo por su hijo.

Los largos trabajos de restauración y, sobre todo, de reconstrucción permiten desde 1982 admirar la barca de Keops en el interior de un singular museo en forma de embarcación, construido junto al lugar del hallazgo.

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