LA VILLA DE OPLONTIS

El 24 de agosto del 79 d. C., una formidable erupción del Vesubio destruyó algunas de las ciudades más importantes y florecientes de la Campania romana situadas al sur de Nápoles. la víctima más célebre de la catástrofe fue Pompeya, que quedó sepultada por una costra de lava solidificada y cenizas de seis metros de altura; pero la misma suerte le tocó a Oplontis, un centro residencial que se había desarrollado junto al territorio de Pompeya.

Durante mucho tiempo, la existencia de la antigua Oplontis había constituido en realidad una especie de misterio. En ausencia de testimonios directos y concretos, todo lo que estaba a disposición de los especialistas era tan sólo algunas referencias geográficas y cartográficas, entre las que destacaba la indicación contenida en la Tabula Peutingeriana. Oplontis aparecía señalada cerca de la costa, entre Herculano y Pompeya, con un edificio de forma cuadrada flanqueado por dos torres, utilizando un símbolo que en el mapa aparece con frecuencia para muchos centros de la región de Campania.

A mediados del siglo XVIII, siguiendo criterios científicos no siempre acertados, Pompeya y su territorio comenzaron a ser explorados y de este modo comenzó el descubrimiento del inmenso patrimonio que la erupción había sepultado.

Aproximadamente un siglo más tarde, las investigaciones llegaron también hasta Oplontis, y el hallazgo de unos indicios de época romana proporcionó la prueba indiscutible de que la indicación de la Tabula Peutingeriana tenía fundamento. Las estructuras identificadas, que pertenecían probablemente a una villa patricia, se interpretaron como los restos de una instalación termal, a la que se dio el nombre de terma Nunciante.

Las investigaciones llevadas a cabo en los documentos de archivo habían demostrado que el área ya había sido explorada en época borbónica: entre 1839 y 1840 se habían efectuado algunos "intentos de excavación". En realidad, se trataba de intervenciones destinadas a recuperar simplemente materiales de valor, y que se plantearon como una auténtica caza del tesoro.

Las operaciones de excavación iniciadas en los años sesenta condujeron al descubrimiento de los restos de una magnífica villa que, tal y como había sucedido en las casas y en los monumentos de Pompeya, la erupción del 79 d. C. había sellado con una capa de detritos volcánicos. Después de más de diez años de sistemáticas campañas de excavación, aún no se había llegado a la recuperación de la villa, pero sus características podían considerarse ya bien definidas en gran parte.

En cuanto a su propiedad, convencionalmente se ha supuesto que la rica residencia hallada en Oplontis era la villa de Popea. Entre los hallazgos que han aparecido durante las excavaciones hay un ánfora en la que aparece una inscripción en la que se cita al destinatario del recipiente, que los especialistas han identificado con un cierto Secondo, liberto de Popea. A partir de aquí se originó la hipótesis según la cual la villa pertenecía a la gens Poppea, o incluso a la misma Popea Sabina, la célebre esposa de Nerón.

De todos modos, si bien el problema de la propiedad de la villa constituye un elemento de interés indudable, ha pasado a un segundo plano frente a la riqueza arquitectónica y decorativa del gran conjunto. La planimetría completa de la villa nunca podrá conocerse, pues en el lado meridional del edificio fluye el canal Sarno, para cuya construcción se cortó una parte de la estructura original. En base a las zonas conservadas, los especialistas han podido reconstruir los criterios funcionales y las opciones estéticas que inspiraron la realización de la villa.

La grandiosa residencia fue construida en el siglo I a. C, y se reestructuró posteriormente durante la época julio-claudia. La villa de Popea se desarrollaba según un plan simétrico, caracterizado por la partición en dos núcleos principales: la zona residencial señorial y la zona rústica propiamente dicha. En la primera, los espacios se dividían según los esquemas tradicionales, con habitaciones, baños, triclinios, cocinas y lararios; en la segunda se sucedían los almacenes para víveres y para los aperos agrícolas.

El conjunto de las partes cubiertas había sido diseñado en estrecha relación con una vasta área descubierta, un viridarium (jardín), que constituía el corazón de todo el conjunto. Grandes jardines y áreas cultivadas se extendían alrededor de la villa, que, además de desempeñar las funciones de suntuosa residencia suburbana, debía constituir también el motor de una considerable industria agrícola.

La erupción del Vesubio se produjo mientras en la villa de Popea se estaban efectuando varias intervenciones de reestructuración, probablemente necesarias a causa de los daños que había causado el terremoto del 62 d. C. La hipótesis fue avanzada por los especialistas debido al hecho de que la cantidad de objetos encontrados en las estancias de la villa parece insuficiente para justificar la presencia en el lugar de una familia y de la servidumbre, y, sobre todo, porque muchos de los elementos decorativos arquitectónicos y plásticos, como columnas, capiteles y estatuas, se encontraron fuera de su contexto, como si se hubieran apartado para permitir la ejecución de las intervenciones previstas.

El elemento de mayor interés de la villa de Popea, además de la elegancia de su arquitectura, lo constituye la riqueza de las decoraciones pictóricas que adornan todos los espacios del sector señorial. Se trata de pinturas del estilo pompeyano II y del IV que, aparte de las mutilaciones experimentadas en el siglo XIX, han vuelto a resplandecer después de haber permanecido sepultadas durante casi dos mil años.

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