acute;ngeles para exponerlos con ocasión de los Juegos Olímpicos. Una comisión científica encargada de valorar la oportunidad del traslado dio una respuesta negativa: en el interior de las estatuas, que los restauradores florentinos habían vaciado tan sólo parcialmente, se estaban produciendo peligrosos procesos de corrosión. Las estatuas contenían todavía la tierra de fusión originaria plasmada por los escultores griegos, que se extraía para intervenir sobre el metal.

La nueva restauración se realizó en un laboratorio en el que, por primera vez en el mundo, los restauradores y los arqueólogos pudieron efectuar una "restauración por telemando". Aprovechando las aperturas existentes en las estatuas, se introdujeron en las cavidades sondas con telecámaras, fibras ópticas para la luz y ablatores de ultrasonidos, con los que se excavó la tierra en su interior; la operación se realizó en un monitor.

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