do con una nave vikinga, similar a las excavadas en Oseberg y en Gokstad, en Noruega, datadas entre los siglos VIII y IX d. C. Pero muy pronto, mientras los descubrimientos de objetos preciosos se iban sucediendo y la nave de Sutton Hoo se revelaba como uno de los tesoros más ricos encontrados en Inglaterra, pareció claro que la tumba era más antigua. Bajo un gran plato de plata apareció una bolsa con 37 monedas de oro, dos monedas no acuñadas y dos lingotes de oro. Las monedas proceden de zonas situadas en el territorio controlado entonces por los merovingios, zonas que hoy corresponden a Francia, Bélgica y el valle del Rin. Por dichas monedas se determinó que el rey sepultado en la nave debió morir entre los años 625 y 630 d. C. Una posibilidad es que se tratara de Raedwald, rey de los anglos orientales, que murió en el 624 o en el 625 d. C., después de obtener la supremacía sobre los otros reinos anglosajones. Raedwald se convirtió al cristianismo, y este hecho explicaría las cruces cristianas que decoran las tazas de plata. Pero no abandonó completamente la religión de sus antepasados, pues su sepultura se realizó según la antigua usanza pagana.

En la cámara funeraria los objetos estaban situados de modo ordenado; a lo largo de la pared oriental se habían dispuesto sobre todo objetos de uso doméstico y cotidiano, como calderos y cubos. A lo largo de la pared opuesta se encontraban alineados los ornamentos, los objetos ceremoniales y las armas del difunto. En el centro de la cámara, a lo largo de la línea de quilla, se encontraban otros ornamentos y objetos personales del soberano. No se hallaron restos óseos, y se pensó que la barca podía ser un cenotafio, es decir, el sepulcro simbólico de un rey muerto en el mar o en una batalla en tierra extranjera. Pero los análisis químicos efectuados posteriormente demostraron una rica concentración de fosfatos producidos por la decadencia orgánica cerca del yelmo, de la espada y de la bolsa de cuero hallados en la tumba. Ello podría indicar efectivamente la presencia de restos óseos, desaparecidos posteriormente a causa de procesos químicos.

Contra la pared oeste aparecía un extraño objeto de hierro forjado, acaso un estandarte o una enseña real destinada a sostener coronas vegetales o plumas coloreadas. Al lado se encontraba el "cetro" (tal vez una elaborada muela de afilar), un asta de piedra de sección cuadrada conlos extremos revestidos por pomos de bronce, decorados con rostros humanos.

Se hallaron los restos de un escudo circular de madera revestido de cuero, con umbo de hierro ricamente decorado con láminas y tachuelas de bronce dorado, mientras que el escudo propiamente dicho estaba embellecido con figuras de aves estilizadas.

También había los restos de un cubo de madera revestido con bandas de hierro, que, dada la posición entre los ornamentos y los objetos personales del difunto, probablemente debía contener una bebida.

Cerca de éste se descubrió un cuenco de bronce decorado con figuras de animales, de manufactura egipcia, en cuyo interior se encontraba un contenedor de bronce provisto de aros para colgarlo, de fabricación celta. En el interior de este mismo recipiente se hallaron los restos de una espléndida lira de seis cuerdas, de madera de arce, adornada con placas de bronce revestidas de oro, en forma de cabezas de ave. En uno de los aros del contenedor se hallaron algunas puntas de lanza de hierro.

A cierta distancia de la pared se encontraban 10 cuencos de plata, apilados, decorados con la cruz cristiana, con dos cucharas de plata con la inscripción, grabada en caracteres griegos, "Paulos"; enfrente se hallaban los restos del yelmo.

El yelmo tiene una especie de cresta que termina al frente con cabezas de dragón de bronce dorado, con los ojos formados por granates incrustados. En los arcos orbitales hay dos cejas que terminan, en el exterior, en una cabeza de jabalí. La visera de hierro tiene la nariz decorada con motivos geométricos, y el labio superior está recubierto con bigotes. El casco estaba enteramente cubierto con láminas grabadas con escenas de guerreros danzando o luchando.

A lo largo de la línea de la quilla habían sido depositadas la espada y joyas de oro, decoradas con granates y vidrio del tipo millefiori. El pomo y la empuñadura de la espada eran también de oro decorado con esmaltes de vivos colores, compuestos en complicadas decoraciones geométricas. También había fragmentos de tejidos y de jarros realizados con cuernos de uro, el gran buey salvaje europeo extinguido en la actualidad. Otros jarros de madera eran de arce, con elementos de plata dorada, de forma rectangular y triangular, con motivos zoomorfos en relieve. Además de los jarros había un gran plato de plata con sellos del emperador de Bizancio Anastasio I (491-518 d. C.), que cubría otro plato menor de plata y un hacha-martillo enteramente de hierro. Debajo del gran plato se habían conservado otros utensilios de plata, los restos de un almohadón de plumas de oca, varios pares de zapatos, una bolsa de cuero, peines de hueso y de cuerno, y la masa oxidada y compacta producida por la corrosión de una malla de hierro.

A poca distancia se hallaron una pobre y simple botella de terracota y una pequeña lámpara de hierro. A lo largo de la pared oriental había otros objetos: un cubo de madera con bandas de hierro, un gran caldero de bronce provisto de una elaborada cadena de suspensión de hierro forjado minuciosamente reconstruida por los restauradores y otros contenedores de bronce.

Desde 1939 el lugar ha sido excavado dos veces; primero entre 1965 y 1971 por el Museo Británico y después entre 1983 y 1992, por el Museo Británico y la Sociedad de Anticuarios de Londres. Las excavaciones 1965/1971 fueron realizadas para resolver dudas sobre las excavaciones de Brown, en particular acerca de la estructura del túmulo y el barco. El cementerio también fue inspeccionado por primera vez, revelando el paisaje subyacente prehistórico. Un túmulo, (el nš 5) fue examinado, revelando por primera vez pruebas de otros enterramientos bajo aquellos túmulos.

La segunda fase de excavaciones, comenzada en 1983, tenía diferentes objetivos: examinar la relación del cementerio con el paisaje circundante, establecer su estado y, finalmente, examinar varios túmulos y el espacio entre ellos. Todos estos objetivos fueron alcanzados, en particular la interpretación del cementerio como real (el único cementerio real anglosajón aún excavado).

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EL BARCO DE SUTTON HOO

Sutton Hoo se encuentra en Inglaterra, no lejos de la ciudad de Woodbridge, en Suffolk. En la Alta Edad Media, esta zona costera estaba ocupada por dos reinos autónomos: el de los anglos orientales y el de los sajones orientales: los separaba el río Stour, que hoy marca la frontera entre Essex y Suffolk. Hacia el oeste, tanto los anglos como los sajones debían defenderse de la agresividad del reino de Mercia, como lo atestiguan las impresionantes fortificaciones que aún pueden verse. La llanura de Sutton Hoo se encuentra al norte del estuario del río Deben, en el territorio de los anglos, y presenta una constelación de túmulos funerarios que, en los siglos VI y VII d. C., cuando el área se utilizaba como cementerio, debían de verse incluso desde el mar.

En 1938, la propietaria del campo en el que se encontró la nave funeraria contrató a un excavador, Basil Brown; bajo la supervisión del Museo de la vecina ciudad de Ipswich, decidió excavar las antiguas sepulturas. En 1938 se abrieron tres túmulos. Uno contenía tan sólo las cenizas de un hombre. Otro presentaba, junto a los restos de la cremación, fragmentos de objetos preciosos de procedencia bizantina. El tercero había sido saqueado antiguamente, pero era posible apreciar que en el túmulo se había sepultado una barca de ocho metros de longitud. Entre los restos desordenados del túmulo aparecieron la punta de una espada con complejas decoraciones, fragmentos de un escudo y partes de un gran cuerno decorado con plata, utilizado como jarro. Era evidente que en otra época había sido una tumba excepcionalmente rica; de hecho, la sepultura de barcas era, tradicionalmente, una prerrogativa real.

Al año siguiente, Brown, animado por el Museo de Ipswich, decidió excavar el túmulo principal del área de Sutton Hoo, que entonces medía tres metros de altura. En base a la experiencia del año anterior, Brown se dio cuenta inmediatamente de que había descubierto una segunda embarcación sepultada, de gran tamaño. La madera de la embarcación estaba podrida, pero en su lugar quedaban las improntas sobre el terreno.

Se apresuró a explorar el centro de la nave, donde debía encontrarse la cámara funeraria para apreciar si también se había producido un antiguo saqueo. Los primeros intentos de excavación trajeron a la luz objetos de bronce, madera e hierro. Brown comprendió la importancia del descubrimiento y la delicadeza de la excavación, y por ello avisó al British Museum, de Londres, que prosiguió las operaciones con la necesaria minuciosidad. La excavación demostró que el ajuar funerario contenido en la cámara estaba sustancialmente intacto, aunque dañado por el derrumbamiento de las paredes y el techo.

En su origen, el túmulo debía de poseer un diámetro de unos 40 metros. La nave, de 27 metros de longitud, fue sepultada con la proa orientada hacia el mar, alineada en sentido oeste-este. Con estas dimensiones, la nave de Sutton Hoo era más grande que las tres barcas funerarias halladas anteriormente en Noruega.

En el inicio del trabajo, los arqueólogos pensaron que se habían topa