| BEIT SHEARIM Beit Shearim se fundó a fines del siglo I a. C. durante el reinado de Herodes, y alcanzó la cúspide de su prosperidad en el período romano. La ciudad sufrió grandemente durante la represión de la rebelión judía del año 351 contra Galo César (el gobernador de Oriente bajo el Emperador Constantino II) y entonces declinó; fue abandonada al comienzo del período árabe (siglo VII). La ciudad en el sur de la Galilea fue mencionada por primera vez por Flavio Josefo (Vida 118-119) como Besara, el centro administrativo de los bienes de la reina Berenice en el Valle de Jezreel en el siglo II. La localidad pasó a ser conocida como Beit Shearim y se estableció en ella una academia rabínica. Posteriormente en el mismo siglo el pueblo cobró fama cuando el Sanhedrín (cuerpo legislativo y consejo supremo judío después de la destrucción de Jerusalem en el año 70 d. C.) se trasladó a Beit Shearim y Rabí Yehudá Hanasí estableció allí su residencia. El reverenciado rabino es conocido especialmente como el redactor de la Mishná (colección de leyes orales) y aunque murió en Séforis, fue sepultado en Beit Shearim. En los siglos III y IV muchos judíos, tanto de la Tierra de Israel como de la diáspora, fueron enterrados en Beit Shearim, y su cementerio se convirtió en una necrópolis. Durante diez temporadas de excavaciones efectuadas en las décadas de 1930 y 1950 en el área urbana de Beit Shearim y en su cementerio, muchos hallazgos confirmaron la identidad del lugar y la centralidad del pueblo en la historia judía, tal como fuera registrado en fuentes escritas.
A la sala de oraciones de la sinagoga, con dos hileras de columnas a sus lados y un podio elevado en el fondo, se ingresaba por el sur (la dirección de Jerusalem). Las paredes interiores estaban estucadas y pintadas; sobre el estuco se encontraron algunas dedicatorias a funcionarios públicos. El gran cementerio de Beit Shearim contenía muchas tumbas y catacumbas, algunas de ellas tumbas familiares, otras lugares públicos de entierro. Cortadas en las laderas de los montes al suroeste de la ciudad, algunas tumbas son pequeñas y simples, pero muchas se convirtieron, con el tiempo, en complejas redes de catacumbas. Parecería que la excavación de cavernas sepulcrales fuera parte importante de la economía de la ciudad. Con el correr de los siglos, las cavernas se destruyeron, se dañaron y su contenido fue robado. Las cavernas públicas son particularmente grandes y elaboradas, con una entrada a través de grandes patios. Sus decorativas fachadas de piedra son al estilo arquitectónico romano. Las entradas tienen tres aperturas con pesadas puertas de piedra labradas imitando puertas de madera, con paneles y clavos. Desde la entrada, uno desciende algunos escalones hasta la caverna sepulcral, que consiste en un salón central y una red de salas, a veces de dos pisos de altura. Una de las catacumbas consta de 16 salas sepulcrales con 400 lugares de entierro diferentes, incluyendo canales, fosas, arcosolios y lóculos. En las cuevas se encontraron sarcófagos hechos de la piedra caliza local o de mármol, y unos pocos de arcilla o plomo. Hay también evidencias de entierros en ataúdes de madera, de los cuales sólo las partes de metal se han conservado.
Muchas inscripciones esculpidas o pintadas en las paredes y en placas de piedra mencionan a rabinos famosos, líderes comunitarios, mercaderes y funcionarios de la ciudad y del país. Son de particular interés las inscripciones que nombran a las comunidades judías distantes de Siria, El Líbano, Egipto, Babilonia e incluso el sur de Arabia, desde donde eran traídos los restos para su entierro. La mayoría de las inscripciones son en hebreo y griego con unas pocas en arameo. El texto generalmente es breve: el nombre del difunto y shalom (paz) o javal (lástima!). Las inscripciones más largas proporcionan información acerca del difunto, como datos genealógicos, ocupación y lugar de nacimiento en el extranjero. Dos elaborados complejos sepulcrales encontrados en la ladera norte de la ciudad son particularmente dignos de mención. Estructuras semicirculares en forma de pequeños teatros con bancos, construidas sobre las cuevas, servían probablemente como lugares de oración y para escuchar un sermón cuando la familia y los amigos se reunían en los días recordatorios. El complejo de cuevas Nº 14 probablemente pertenecía a la familia de Rabí Yehudá Hanasí. En las paredes se encontraron inscripciones en hebreo que mencionan a Rabí Shimón, Rabí Gamliel y Rabí Hananiá, los hijos y un alumno de Rabí Yehudá.
Las excavaciones fueron iniciadas por B. Mazar y conducidas posteriormente por N. Avigad en nombre de la Sociedad de Exploración de Israel y la Universidad Hebrea de Jerusalem. FUENTE: Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel. |