| PERIODO DEL MANDATO BRITÁNICO Hacia fines de la Primera Guerra Mundial, el 9 de diciembre de 1917 Jerusalén se rindió a las fuerzas británicas, y dos días más tarde entró por la Puerta de Yafo a la Ciudad Vieja el general Allenby, comandante del ejército de Su Majestad británica. Llegaron así a su fin cuatrocientos años de dominio turco otomano y comenzaron los treinta años del Mandato de Gran Bretaña. Al cabo de dos años y medio de administración militar, en julio de 1920 se estableció el gobierno civil del Mandato, y Jerusalén volvió a ser capital. Una de las características más importantes de este periodo es el comienzo de la construcción de acuerdo a un plan de urbanización ordenado, destinado a asegurar el carácter distintivo de la ciudad. Entre las leyes de planificación y urbanismo legisladas, cabe destacar principalmente la ordenanza que impuso la construcción en piedra de Jerusalén y prohibió el uso de concreto, ladrillos o chapa. Estas ordenanzas influyen sobre el aspecto de la ciudad hasta el día de hoy. La nueva Jerusalén se extendió en todas direcciones. Se construyeron numerosos barrios, tanto árabes como judíos, se estableció una infraestructura social y cultural e instituciones públicas como la Universidad Hebrea, el Hospital Hadassa, el edificio de la Agencia Judía, el edificio YMCA, el hotel King David y el edificio del Correo Central. Durante el periodo del Mandato Británico se aceleró mucho el proceso de modernización, se pavimentaron calles y avenidas y se tendió una tubería de agua desde las fuentes del río Yarkón hasta Jerusalén. Pero la cuestión central era el futuro de Palestina, y particularmente el de Jerusalén. Las tensiones entre judíos, árabes e ingleses fueron en creciente aumento y culminaron con los sangrientos disturbios de 1920 y 1929, y la revuelta árabe entre los años 1936 y 1939. |