CESAREA MARITIMA

Cesarea se encuentra a orillas del Mediterráneo, aproximadamente a mitad de camino entre Haifa y Tel Aviv. En las excavaciones arqueológicas de las décadas de los 50 y 60 se encontraron restos de numerosos periodos, en particular un complejo de fortificaciones de la ciudad cruzada y el teatro romano.

Durante los últimos veinte años, las diversas excavaciones llevadas a cabo por numerosas expediciones de Israel y del exterior han puesto en descubierto impresionantes restos de la olvidada grandeza de la ciudad en la época romana y de la cruzada.

Fundada por el rey Herodes en el siglo I d. C. sobre el lugar de un puesto comercial llamado la Torre de Straton, Cesarea recibió el nombre del protector romano de Herodes, el emperador César Augusto. La ciudad fue descrita en detalle por el historiador judío Flavio Josefo (Antigüedades XV, 331 y ss.; La guerra I, 408 y ss.). Era una ciudad amurallada, con el puerto más grande de la costa este del Mediterráneo llamado Sebastos, el nombre griego del emperador Augusto.

El núcleo de la ciudad y la fuente de su fuerza económica era el puerto. Se construyeron dos rompeolas magníficos, que totalizan unos 850 metros de longitud, y que cerraban el puerto con anclaje seguro para centenares de naves. El historiador Flavio Josefo nos informa de que en la punta del rompeolas habí una torre alta, probablemente un faro.

El puerto es todavía hoy visible desde el aire, pero sus detalles sólo pueden ser vistos bajo el agua, ya que el nivel del mar ha subido en los últimos dos mil años. Conectados al puerto, como una parte integrante del mismo, había almacenes para los bienes con los que se comerciaba.

El templo de la ciudad, dedicado a César Augusto, se levantaba sobre un alto podio que daba hacia el puerto. Un amplio tramo de escalones conducía hasta el pilar del templo. Se construyeron también, de acuerdo a la tradición imperial, edificios públicos y sofisticadas instalaciones de esparcimiento. El palacio del rey Herodes se encontraba en la parte sur de la ciudad.

En el año 6 d. C., Cesarea pasó a ser la sede de los procuradores romanos de la Provincia de Judea y de los cuarteles de la X Legión Romana. En los siglos II y III, la ciudad se expandió y se convirtió en una de las más importantes en el área oriental del Imperio Romano, definida como la "metrópolis de la provincia de Siria Palestina".

Cesárea desempeñó una importante función en la temprana historia cristiana. Allí tuvo lugar el bautismo del dignatario romano Cornelio (Hechos 10, 1-5, 5, 25-28); de allí zarpó Pablo para sus travesías por el Mediterráneo oriental y de allí fue enviado a Roma para ser juzgado (Hechos 23, 23-24).

El palacio fue construido sobre un promontorio rocoso que se proyectaba sobre el mar, en la parte sur de la ciudad romana. Las excavaciones revelaron un gran complejo arquitectónico que medía 110 x 60 metros, con una piscina decorativa rodeada por pórticos. Esta elegante estructura en una ubicación tan singular fue identificada como el palacio de Herodes (Antigüedades XV, 332). El palacio estuvo en uso a lo largo del período romano, tal como lo testimonian dos columnas con inscripciones en griego y latín que mencionan a los gobernadores de la provincia de Judea.

El teatro se encuentra en la parte sur de la ciudad. Fue encargado por el rey Herodes y es la primera instalación romana de esparcimiento construida en su reino. El teatro da hacia el mar y cuenta con miles de localidades dispuestas en una estructura semicircular abovedada. El piso semicircular de la orquesta, pavimentado en primer término con un enlucido pintado, fue posteriormente embaldosado con mármol.

En las excavaciones del teatro se encontró una piedra que muestra partes de una inscripción que menciona a "Poncio Pilatos, prefecto de Judea", y al Tiberium (el edificio en honor del emperador Tiberio) que aquél construyera.

El anfiteatro, que se encuentra en la costa sur de la ciudad, fue mencionado también por Flavio Josefo. Estaba orientado de norte a sur y medía 64 x 31 metros. Su lado este y sur, éste último redondeado, se preservaron bien; el lado oeste fue casi totalmente destruido por el mar. Un muro de 1,05 metros de alto rodeaba la palestra, cubierta con greda molida. Cuando se lo construyó por primera vez, en el período romano, tenía cabida para unos 8.000 espectadores; en el siglo I d. C. se añadieron nuevas localidades, que incrementaron su capacidad hasta 15.000 espectadores. Sus dimensiones, forma e instalaciones indican que este anfiteatro fue utilizado para las carreras de caballos y carros y que, de hecho, era un hipódromo. En una inscripción encontrada en él se puede leer "Morismus [el] auriga". Durante el siglo II fue reconstruido y adaptado para los usos más habituales de un anfiteatro.

El acueducto, que aseguraba un abundante suministro de agua, fue construido en el periodo herodiano; posteriormente, cuando la ciudad creció, fue reparado y ampliado a un canal doble. El acueducto superior empieza en los manantiales ubicados unos 9 kms. al noreste de Cesarea, a los pies del Monte Carmelo. Fue construido con notables conocimientos de ingeniería y aseguraba el flujo del agua, por la fuerza de gravedad, desde los manantiales hasta la ciudad. En algunas secciones el acueducto estaba sostenido por hileras de arcos y posteriormente cruzaba las lomas paralelas a la costa a través de un túnel. Al entrar en la ciudad desde el norte, el agua fluía a través de una red de cañerías hasta las piscinas de recolección y fuentes de toda la ciudad. Muchas inscripciones en el acueducto atribuyen la responsabilidad de su mantenimiento a la II y X Legiones.

Cesarea continuó siendo el mayor centro urbano de esta parte del Imperio romano. En el siglo IV d. C., cuando la parte oriental del imperio se convirtió al cristianismo, Caesarea llegó a ser también una ciudad cristiana, pero tuvo también población judía y samaritana. En la época bizantina la ciudad alcanzó su área máxima y fue rodeada por una muralla.

En 639 d. C. Cesarea fue conquistada por los musulmanes, que permanecieron allí. En 1101 fue tomada por los cruzados, que se asentaron en ella, pero la ciudad no se fortificó hasta mediados del siglo XIII, bajo Luis IX de Francia. Catorce años después los musulmanes conquistaron de nuevo la ciudad, que fue destruida y abandonada. Las fortificaciones que Luis IX había construido (muros, torres y foso) son las estructuras impresionantes hoy visibles cerca del puerto.

Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel.

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