LA ORIENTACIÓN LITÚRGICA Y LA MEZQUITA

Una definición de una mezquita sería la de un edificio construido sobre un eje invisible, un eje que sin embargo es el determinante principal de su trazado. El mundo musulmán se ha extendido al igual que una rueda gigante con la Meca como cubo, y líneas provenientes de todas las mezquitas del mundo que forman los radios. Esta líneas convergen en una ciudad y, dentro de esta ciudad, un punto. La ciudad es la Meca y el punto es la Ka'ba, en su centro. La Meca, la cuna de Mahoma, es la ciudad sagrada del Islam y la meta de la peregrinación. La Ka'ba, un cubo hueco de piedra, reconstruido muchas veces, cuya construcción original se remonta más allá de la época de Mahoma, es el eje del mundo de la cosmología islámica. Está orientada diagonalmente, con sus esquinas mirando a los puntos cardinales. Al igual que el Omphalos de Delfos es el centro del mundo, ya que constituye el símbolo primordial de la intersección entre el eje vertical del espíritu y el plano horizontal de la existencia fenomenológica.

Durante la ceremonia de la peregrinación el peregrino da siete vueltas alrededor de la Ka'ba y esta circunvalación de la Ka'ba por la enorme muchedumbre, que se mueve como un curioso y líquido remolino, parece un inmenso torbellino cuando se contempla desde un alminar. Este rito tiene un eco en la circunvalación de la tumba de un santo, asimismo en sentido contrario al sol, con el fin de exponerse al máximo a la baraka, el fuido psíquico invisible que emana de todo objeto sacro, sea una tumba sagrada, o su ocupante cuando todavía está vivo, o sus reliquias tales como sus vestidos y su rosario, cuando ya está muerto. Es precisamente esto lo que justifica el trazado del edificio islámico más antiguo que se conserva, la Cúpula de la Roca en Jerusalén, de planta octogonal con pasillos para facilitar el movimiento de la multitud de peregrinos que su constructor, el califa 'Abd al-Malik, esperaba atraer.

Se puede decir que, litúrgicamente, la mezquita tiene como punto de partida dos versículos del Corán, el segundo de ellos dice:

"Vemos cómo vuelves tu rostro al cielo en busca de guía, oh Mahoma. Haremos, pues, que te vuelvas hacia una qibla que te satisfaga. Al rezar vuelve tu rostro hacia la Mezquita sagrada. Dondequiera que estéis, oh musulmanes, volved vuestro rostro hacia ella" (Sura 2, 145).

Cuando estos versos fueron revelados en una mezquita que todavía existe en las afueras de Medina, los fieles se dieron la vuelta obedientemente y rezaron mirando la sur, hacia la Meca, en lugar de al norte, hacia Jerusalén, como hacían antes. Situada en un lugar pintoresco, sobre un montículo rocoso en las afueras de Medina, esta mezquita es la unica que goza del título de Masyid al-Qibla-tayn (Mezquita de las Dos Qiblas). Cuando en el año 629 La Meca sustituyó a Jerusalén como epicentro de la oración, el Islam ganó una capital religiosa (aunque no política) al mismo tiempo que un lugar de peregrinación. La noción de un eje direccional opera en dos campos; socialmente, en tanto que punto focal en relación al que la comunidad entera, umma, se equilibra; y litúrgicamente, en tanto que epicentro de la oración.

La oración puede interpretarse como la utilización del eje horizontal mediante la cual uno se relaciona a sí mismo con el eje vertical representado por la Ka'ba. En sus términos más simples una mezquita es un edificio construido alrededor de un eje horizontal único, la qibla, que, invisible, pasa por en medio del suelo y, saliendo por el muro opuesto, termina finalmente en la Meca. Reducida a lo esencial, por tanto, una mezquita no es más que un muro en ángulo recto con un eje de la qibla detrás del cual, o más bien delante, puede haber cualquier cosa. Esto se puede ver en la musalla o idgah, que no es más que eso: una extensión de terreno con un muro al final, un muro con un nicho intercalado y con un púlpito adosado. La Mezquita del Profeta en Medina constituyó el prototipo seguido posteriormente por todos los edificios religiosos islámicos, estableciendo la división bipartita de la mezquita así como el principio de la planta axial. En el punto en el cual el eje de la qibla se encuentra con el muro opuesto de la mezquita se produce una hendidura, un nicho direccional llamado mihrab, que no es más que el eje litúrgico hecho visible. El mihrab adopta la forma de nicho arqueado, generalmente enmarcado por uno o varios pares de columnillas. Y por ser el clímax tanto visual como litúrgico de la mezquita, donde se sitúa el imam para dirigir la oración de los fieles, está en general profusamente decorado. Cuando una mezquita dispone de una capilla lateral, de una galería contigua, de unpalco real o imperial, o de iwan en los ejes transversales, entonces estas áreas auxiliares cuentan asimismo con sus mihrabs, aunque a escala proporcionalmente más modesta, del mismo modo que en una iglesa cada capilla tiene su propio altar.

Las primeras mezquitas no tenían mihrab; y en la mezquita del Profeta en medina un bloque de piedra e nel suelo servía para indicar la dirección. Es posible que esta piedra supliera a la Piedra Negra de la Ka'ba, a la que, a modo de primera piedra, representaba simbólicamente.

Pero cuando los ejércitos musulmanes se desparramaron en todas direcciones desde Medina y fundaron el Imperio islámico, hubo que encontrar un modo de hacer frente al problema de la oración en ruta. La solución que se encontró era de una simplicidad genial: consistía en trazar en la arena con una lanza el plano de la mezquita y luego clavar la lanza, con el mango hacia abajo, en la arena, en el lugar ocupado por la piedra en la mezquita de Medina. Desde el momento en el que el creyente atravesaba el límite así establecido se encontraba dentro de una zona santificada en la cual actuaban todos los tabúes coránicos que regulan la pureza ritual. La lanza fue por lo tanto el primer indicador litúrgico general del Islam, aunque al cabo de pocas décadas el nicho, introducido por primera vez en Medina, se convirtió en el modo habitual de indicar la dirección de la plegaria. La lanza sobrevive, iconográficamente hablando, en las acuñaciones de la dinastía omeya. En un dirham acuñado bajo el reinado de 'Abd al-Malik, aparece una lanza en posición vertical dentro del nicho, que por esta época había ya adquirido un carácter normativo como indicador litúrgico.

El mihrab es una innovación temprana en la arquitectura islámica, y sus orígenes han sido objeto de controversia. El mihrab cóncavo entró en la arquitectura musulmana en 707-709, cuando el que sería el futuro califa 'Umar ibn 'Abd al-'Aziz llevó albañiles coptos a Medina con objeto de reconstruir la Mezquita del Profeta. Estos albañiles construyeron un nicho en el muro de la qibla, similar a los de las iglesias coptas en las que habían trabajado, con la diferencia de que lo que había sido nicho devocional se convirtió entonces en direccional. El mihrab es un dispositivo acústico, un resonador para la voz, construido para reflejar el sonido y al mismo tiempo aumentarlo. Por consiguiente, el mihrab cóncavo no fue una innovación fortuita, sino la consecuencia de una orden que los capataces musulmanes debieron dar a los coptos. Los mihrab lisos, donde aparecen, están destinados a la devoción particular, recogida y no dirigida al público, ya que su forma dispersaría el sonido en lugar de recogerlo. El mihrab pronto se convirtió en el principal rasgo distintivo de cualquier mezquita y, de hecho, de toda la arquitectura y el arte sagrados del Islam. El mismo principio de orientación regula el trazado de mezquitas, mausoleos y alfombras para la oración, en los que aparece siempre el mihrab. Desprovisto de significado litúrgico, el nicho aparece como motivo de diseño en todas las bellas artes islámicas, desde los tejidos hasta las lápidas sepulcrales, en las que no tendría razón de aparecer.

El mihrab tiene poco en común con el altar de una iglesia cristiana; es incluso, en los puntos esenciales, su antítesis. Mientras que un altar es convexo, o por lo menos saliente, el mihrab es cóncavo, y esta concavidad, cuyo simbolismo requiere que esté siempre vacío, se opone estéticamente a la superficie desordenada de un altar de "mensa". No es el nicho lo que es sagrado, sino la dirección que indica; y precisamente por esta razón se otorga al mihrab un respeto extraordinario. A modo de corolario, mientras que las mezquitas están orientadas hacia la qibla, los dormitorios y habitaciones privadas están deliberadamente orientados en otro sentido con el fin de impedir la posibilidad de un sacrilegio involuntario. Muy raras veces el mihrab y su meta han sido unidos de una manera evidente: probablemente es un ejemplo único el de la mezquita Sokollu Mehmet Pasa en Kadirga, Estambul, donde se le han insertado fragmentos de la piedra de la Ka'ba; y los dibujos de algunas alfombras para la oración incluyen miniaturas que representan la Ka'ba empotrada bajo el vértice del arco del mihrab.

Fuente: La arquitectura del mundo islámico. George Michell.

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