LA ORACIÓN Y LA BASE LITÚRGICA DEL TRAZADO DE LA MEZQUITA

La plegaria preceptiva del Islam consiste en una serie de diferentes posturas que se repiten, de pie, inclinación, prosternación y genuflexión; así la oración no es sólo metal y verbal sino también física, involucrando de este modo a todo el ser. Detrás de esta práctica se halla en concepto central islámico de la supremacía divina; y las posiciones del cuerpo representan los grados de un reconocimiento creciente de este hecho, culminando en la humillación total que supone la prosternación.

La oración está establecida en cuatro niveles:

Primero, las oraciones diarias, que se pueden hacer en comunidad pero que en general se realizan individualmente. Hay que cumplir con este deber a las cinco horas litúrgicas que son amanecer, mediodía, tarde, puesta de sol y noche.

Segundo, la oración de los fieles congregados los viernes al mediodía, que sustituye a la plegaria del mediodía de ese día.

Tercero, la oración de la comunidad en las dos fiestas más importantes: fiesta de la ruptura del ayuno y fiesta del sacrificio de Abrahán.

Cuarto, el rito anual de peregrinación que es una congregación de todos los musulmanes del mundo.

Los cuatro niveles de oración actúan en una escala ascendente: primero, el individual; segundo, el de cualquier congregación de unos fieles; tercero, el de toda la población de un pueblo o ciudad; y por último, el de todo el mundo musulmán. Cada nivel, excepto el último, tiene su correspondiente estructura sagrada; la del primero es la masyid; la del segundo es la yami; y la del terer es la musalla, sitio donde se reza, o el idgah, lugar del 'Id, un inmenso espacio abierto para la oración sin más que el muro de la qibla con un mihrab y un púlpito al aire libre (en otras palabras, una mezquita reducida a sus elementos esenciales).

Los pilares Segundo y Quinto del Islam se entrecruzan en un día del año que constituye el clímax del calendario litúrgico: el aniversario del sacrificio de Abrahán, cuando el clímax de los ritos de la peregrinación en la llanura de 'Arafat, en las afueras de la Meca, coincide con las oraciones del 'Id que tienen lugar en todo el mundo islámico. De este modo el rito del 'Id es un reflejo local de la peregrinación.

Así como el tercer nivel necesitaba una musalla, el segundo, el de la congregación de algunos fieles, es el que provoca la aparición de la mezquita. Y es el factor congregacional (esto es, cómo regular una inmensa multitud de acuerdo con las necesidades de la liturgia) el que impone una etiología de la planta de la mezquita para explicar por qué cada elemento del mobiliario litúrgico ocupa un lugar determinado en el suelo, así como de qué modo estos muebles y las funciones que les corresponden se entrelazan para formar la liturgia. Además, la morfología de la acción litúrgica determina qué categorías caen dentro de una tipología de mezquita según dos criterios: el funcional (por ejemplo, una colegiata, un monumento conmemorativo, etc.) y el geográfico o cultural (por ejemplo, no sólo persa sino de época selyúcida, mogol o timurí).

La orientación de la oración es fundamental para los principios litúrgicos en torno a los cuales se construye una mezquita. Un templo es un edificio destinado a albergar una función litúrgica. Las iglesias se desarrollaron como edificios largos y estrechos provistos de naves a consecuencia de la necesidad de hacer frente a una liturgia procesional, mientras que la mezquita nació como un edificio cuadrado o rectangular ya que debía hacer frente a una liturgia radial. Para el arquitecto de la mezquita están en juego dos principios contradictorios. Uno de ellos proviene de la insistencia de la tradición profética en la prioridad de la primera fila; es decir, la primera fila de fieles disfruta de mayor proximidad a la fuente de bendición porque se halla frente al muro más cercano de la Meca. Hay pues una razón "prima facie" para ampliar lateralmente la mezquita con objeto de colocar al mayor número posible de fieles en la primera fila. Pero en una liturgia radial el que oficia en el centro resultaría entonces invisible e inaudible en los extremos. El resultado es que hay dos ejes en conflicto; el eje litúrgico primario de la qibla y el eje transversal, debido a la superioridad de la fila frontal y la progresiva inferioridad de las filas traseras. El éxito del arquitecto de una mezquita puede medirse por el grado en que haya logrado reconciliar estos principios en conflicto, teniendo en cuenta los dos ejes y distribuyendo masa y volumen de acuerdo con ellos, de tal manera que produzca esa sensación de equilibrio que una mezquita lograda nunca deja de proporcionar.

Mientras que para las oraciones cotidianas es suficiente un oratorio con un solo mihrab, e incluso simplemente una alfombra para la oración, que en realidad es una mezquita portátil que garantiza la pureza ritual del lugar en el que se hace la oración, hay pequeñas mezquitas llamadas masyid, literalmente "lugares de prosternación", donde regularmente se realizan tales oraciones detrás de un imam. Una masyid no necesitaría mimbar, ya que no se utiliza para el culto del viernes; tal es el caso en Turquía, donde, prácticamente sin paralelo en el mundo musulmán, la distinción entre masyid y yami no se ha perdido y ambos términos se usan correctamente. La mezquita por excelencia es, sin embargo, la yami masyid, es decir, la mezquita "colectiva" o "de reunión", cuya función primordial es el culto del viernes, y de ahí que se la conozca en Irán como la masyid-i Yum'a o mezquita del viernes, por ser el viernes el yaum al-yum'a o "día de reunión". Al tener que contar con tal muchedumbre, e influida por el precedente de la Mezquita del Profeta (que disponía de una parte cubierta apoyada en troncos de palmera) así como por la simple conveniencia de utilizar la gran cantidad de columnas de las iglesias sobrantes, la antigua yami adoptó la forma de una inmensa sala hipóstila precedida de un patio.

Fuente: La arquitectura del mundo islámico. George Michell.

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