| CARACTERÍSTICAS EXTERNAS DE LA MEZQUITA
Los elementos principales del mobiliario litúrgico están distribuidos en relación con el eje de la qibla, pero teniendo en cuenta las fases que incluyen los actos litúrgicos, será mejor subrayar las características externas de la mezquita antes de penetrar en su interior. Estas características comprenden el alminar, la cúpula y la fuente para las abluciones, ocupando esta última un lugar intermedio entre características externas e internas.
Cuando el Islam consolidó en Medina sus formas litúrgicas actuales, hubo que encontrar algún medio para convocar al pueblo a la oración, especialmente a la oración comunitaria de los viernes al mediodía, cuya asistencia es obligatoria para todos los varones adultos y opcional para las mujeres. A Mahoma le disgustaba el uso del sofar, o cuerno de carnero judío, como los cencerros de madera que utilizaban los cristianos, dos objetos que para sus oídos eran cacofónicos. Después de que uno de los compañeros del Profeta tuviera un sueño en el que vio a un hombre que cantando hacía un llamamiento a la oración, Mahoma se dirigiió a su liberto de origen abisinio, Bilal al-Habasi, y le dijo: "Sube, Bilal, y llama a la gente a la oración". Bilal, que era famoso por la dulzura de su voz se convirtió así en el primer almuédano del Islam. La labor del almuédano consiste en cantar el adan, o invitación a la plegaria, que en los tiempos anteriores a la invención del altavoz solía derramarse por encima de los tejados y jamás dejó de impresionar a los viajeros con su belleza plañidera y frágil. Esto no fue, naturalmente, el origen del alminar, sino sólo la motivación para su invención; fue la necesidad de disponer de una altura para difundir desde ella la llamada lo que condujo a la creación del alminar. El balcón del almuédano es similar al campanario; a mayor altura, mayor es el área sobre la que se puede distribuir el sonidol. Tal como ha demostrado K. A. C. Creswell, el alminar se desarrolló a partir de las torres de esquina del témenos de la iglesia de San Juan Bautista en Damasco, cuando toda la zona se tomó para construir la mezquita omeya; aquí se acaba sin embargo el parecido con la arquitectura cristiana, ya que los campanarios tienen que estar sólidamente construidos para poder soportar el enorme peso de las campanas, y por esta razón los alminares son más esbeltos y elegantes.
Aunque se ha dicho que la columna, el arco y la cúpula son la trinidad de la arquitectura islámica, la gloria suprema del arte islámico es sin duda la cúpula, si bien litúrgicamente su importancia es pequeña. Las cúpulas más antiguas eran pequeñas estructuras construidas sobre la qibla para señalarla exteriormente e iluminarla interiormente. En época posterior la cúpula se utilizó para cubrir la cámara funeraria en la que yacía el cuerpo del fundador; así la cúpula pasó de una posición lateral a otra central y su volumen aumentó hasta cubrir todo el recinto del santuario alrededor de la qibla. Y la mezquita ganó en utilidad lo que perdió en impresión de elevada espiritualidad, como lo expresa la Gran Mezquita de Córdoba; pero litúrgicamente ambas posiciones tenían como consecuencia asegurar que el imán fuera visible a sus fieles. En las primeras mezquitas éste estaba muy iluminado, en contraste con un interior oscuro; en mezquitas posteriores destacaba menos, pero en cambio cualquiera podía leer y no sólo aquéllos que estaban sentados junto a las ventanas. La cúpula es naturalmente un símbolo cósmico en casi cualquier tradición religiosa; y en el Islam la cúpula representa simbólicamente la bóveda celeste del mismo modo que el jardín prefigura el paraíso.
Puesto que la cúpula representa el cielo, el árbol paradisíaco proporcionaba un motivo apropiado para la decoración de su superficie interior. Un ejemplo destacado de tal tipo de decoración se encuentra en la Cúpula de la Roca, donde un árbol cosmológico muy estilizado (que en el Islam crece al revés) se extiende hacia abajo desde la clave de la cúpula para abarcar todos los amplios estratos del cielo al tiempo que llega al suelo. El empleo del "arbor inversus" puede parecer extraño, pero el paraíso islámico es lo contrario, o imagen reflejada en un espejo, de este mundo. El principio de reversibilidad se repite en todo el Islam; así, el Corán visible no es más que un reflejo de la Tabla Guardada, arquetipo sobrenatural que se conserva en el cielo. Del mismo modo, en las cuatro partes del mundo y en la misma Meca se reza en dirección a la Ka'ba. Pero ya dentro de la Ka'ba se reza en dirección inversa, esto es, hacia alguno de los cuatro muros. El mejor ejemplo quizás de tal inversión se encuentra en el rico repertorio de anécdotas dejado por el héroe popular Nasr al-Din Joya, quien dice: "Cuando yo muera enterradme cabeza abajo de modo que en el otro mundo pueda aparecer en la postura correcta".
Una posición intermedia entre los rasgos externos e internos es la que ocupa la fuente para las abluciones, situada generalmente en el centro del patio con el fin de subrayar el carácter de iniciación que el Islam tiene al agua, del mismo modo que en el cristianismo la pila bautismal se encuentra justo al traspasar la puerta occidental para destacar que es a través del sacramento del bautismo como se entra en la Iglesia de Cristo. De manera similar, en el Islam el agua es el vehículo de la purificación y goza de un carácter casi sacramental. Además de la fuente del patio, dentro de la mezquita se pueden proporcionar otros medios para hacer la ablución, a menudo en forma de una enorme jarra de mármol con una pila y grifos, para que los ancianos puedan cumplir los preceptos de la ley sin los riesgos de exponerse a las inclemencias del tiempo. La ablución puede ser total o parcial según el grado de impureza ritual en el que el creyente se encuentre. Normalmente basta con la ablución parcial, pero la relación sexual se considera como una mancha importante, y en este caso es obligatorio un baño. La ablución, tanto si es total como parcial, debe hacerse con agua corriente. Junto con otras comodidades, la fuente dispone de grifos para agua templada y escabeles poco elevados para que el que la utiliza se pueda aislar materialmente del suelo impuro desde el punto de vista ritual. Este último factor es la causa de que si los grifos, junto con las duchas y las letrinas, disponen de un recinto propio, esta zona húmeda debe estar separada, mediante una barandilla de poca altura, del resto de la mezquita. Esto define la frontera entre las zonas de pureza e impureza rituales, la primera de las cuales siempre dispone de alfombras para comodidad de los fieles y se mantiene escrupulosamente limpia.
En la entrada de la mezquita hay asimismo otra barrera con idéntica finalidad: delimitar las zonas puras e impuras, en este caso la calle o vía pública. Junto a esta barrera es donde los fieles se descalzan antes de entrar en el santuario o de cruzarlo para llegar a la zona de las abluciones. Esto se hace para evitar la posibilidad de que sustancias ritualmente impuras que se hayan adherido a las suelas sean depositadas en el suelo de la mezquita. Los zapatos se colocan en estanterías en la entrada o junto a los muros, o en recipientes de madera en el suelo. Además de descalzarse el creyente debe cubrirse debidamente la cabeza, que es el modo oriental de expresar respeto. Quien es admitido a una audiencia con un califa o sultán cubrirá su cabeza en señal de respeto a la presencia de la majestad; asimismo en la mezquita hay que cubrirse en señal de respto a la Divinidad. Está permitido cualquier tipo de sombrero que carezca de alas y no entorpezca las prosternaciones, si bien es preferible el uso de un casquete.
Fuente: La arquitectura del mundo islámico. George Michell.
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