INTERPRETACIÓN DE LA BASÍLICA COMO IMAGEN DE LA JERUSALÉN CELESTIAL

Monumento tan significativo como la basílica cristiana ha sido objeto de varias interpretaciones, entre las más importantes las referidas a su origen o derivación. Así el arquitecto florentino León Bautista Alberti (muerto en 1472) en su tratado "De re aedificatoria" seņaló su prototipo en la basílica de la época imperial con la misión de administrar justicia; él no advirtió las diferencias profundas, como la riqueza exterior del edificio romano contrastanto con la sencillez del paleocristiano. Aunque hay semejanza en la planta, es diverso el espíritu arquitectónico de los edificios.

Algunos arqueólogos modernos vieron la basílica cristiana como una creación de compromiso, un producto ecléctico, formado por la combinación de varios elementos arquitectónicos tomados de varias partes: las naves y el ábside de la basílica romana, el atrio de la casa romana, y la "cella memoriae" de la arquitectura funeraria. El fallo de esta hipótesis está en desconocer lo que supone la evolución arquitectónico-litúrgica, pues la basílica no es la creación original de un arquitecto que tomara de aquí y de allá para configurar su obra. Otros arquitectos pensaron que era una derivación de la casa romana con peristilo, es decir, vendría directamente de la "Domus ecclesiae" de los tres primeros siglos: así el atrio romano correspondería con el atrio basilical, el peristilo con la nave, y el santuario con el "oecus". Más nos interesa lo que respecta a su significado.

Fue corriente en la literatura patrística la consideración de la basílica como imagen sensibilizada de una ciudad celeste, es decir, de la Jerusalén celeste; con este sentido publico en 1938 Lothar Kitschelt su estudio "La primitiva basílica cristiana como representación de la Jerusalén celeste". Destacó el valor primordial de estos primeros templos en lo que se refiere a su orientación hacia el Este, porque según los textos evangélicos Cristo vendría en la Parusía por el Oriente, pues en este sentido había ascendido según la tradición. Ello explica que en la iconografía de los ábsides, colocados hacia el Este, aparezca la representación de Cristo como Pantocrator y como Cosmocrator. La iglesia cristiana primitiva se orientó hacia el Este, aunque no en todos los casos, pues así lo indicaban las Constituciones Apostólicas, siguiendo en ello la costumbre de la sinagoga judía de la diáspora. Fue norma de las antiguas basílicas del Sinaí y del norte de África, que se orientaron hacia el Este geográfico, no hacia Jerusalén, porque en las ceremonias litúrgicas jugaba un papel importante la orientación ritual.

Este volverse hacia el Oriente se ha explicado como una reminiscencia del antiguo sincretismo solar al que estaban acostumbrados los primeros cristianos, paganos convertidos, que pronto habrían identificado el antiguo "Sol invictus" con el Cristo como "Sol salutis". Rodríguez Ceballos puntualizó que no fue ésta una razón exclusiva pues en el mismo evangelio de San Mateo se afirma que Jesús aparecerá en la Parusía por el Oriente; además el salmo 67 dio base a una tradición en el sentido de que deducía que Jesús volvería por la misma dirección. Esta orientación de las iglesias fue importante como base de la esperanza escatológica de los primeros cristianos, que deseaban ver descender por el oriente los nuevos cielos y la nueva tierra, es decir, la Jerusalén descrita en el Apocalipsis. La ceremonia principal de la liturgia era la celebración eucarística, que no era sólo una rememoración de la muerte de Cristo sino un recuerdo de su regreso. Al respecto concluye Ceballos: "De esta manera el templo en su totalidad adquiría el significado de Jerusalén celestial, de concentración viva de los nuevos cielos y la nueva tierra, en cuanto que con la celebración eucarística el símbolo se convertía en una anticipación real del futuro. El templo material era en primer término símbolo de la comunidad viviente, de la Iglesia, templo espiritual, convocada para la celebración del misterio eucarístico".

Conviene recordar que la forma cuadrada de la Jerusalén celeste está directamente en relación con el principio mismo de la arquitectura de los templos, pues toda arquitectura sagrada se relacona con la operación de la cuadratura del círculo o transformación del círculo en cuadrado. Como el círculo y el cuadrado son dos símbolos primordiales, en el orden metafísico representan la Perfección divina, y en un nivel inferior, en el orden cosmológico, estos símbolos resumen toda la Naturaleza creada. Al papel del círculo aluden las Sagradas Escrituras cuando dice la Sabiduría: "Cuando afirmé los cielos allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo". Los símbolos del círculo y del cuadrado se pueden aplicar perfectamente a la Jerusalén celeste del Apocalipsis, que fue el prototipo del templo cristiano, pues la ciudad como creación celeste era circular, pero al descender y llegar a la tierra era cuadrada, como reflejo terrestre de la actividad celeste; tal cuadrado era la cristalización de los cielos, con clara alusión al tiempo, y sus doce puertas se correspondían con los signos zodiacales. Como está basada en los citados símbolos primordiales, ellos son el fundamento de la arquitectura sagrada; en consecuencia la cúpula corona el cubo de la nave, como el cielo físico está encima de la tierra, y la citada cúpula es azul o está pintada de estrellas. El fiel al orar encuentra en esta dirección vertical el símbolo de su ascensión espiritual con lo que el dinamismo espacial sirve de guía a la oración y la meditación.

Los testimonios más antiguos hablan de la costumbre de orar mirando hacia el Este. Danielou ha recordado el caso del judeo-cristiano Hiparco, que tenía en su casa una habitación para rezar, con una cruz pintada en el muro oriental, ante el que rezaba siete veces al día mirando en esa dirección. Orígenes dice en su Tratado de la oración: "Como hay cuatro puntos cardinales, el Norte, el Sur, el Oeste y el Este, quien no reconozca de inmediato cómo el Oriente manifiesta evidentemente que debemos de rezar hacia ese lado, como símbolo del alma mirando hacia el amanecer de la verdadera Luz". Los testimonios de los teólogos son unánimes, desde San Agustín a Santo Tomás de Aquino. Éste justifica la regla de la orientación porque la majestad divina se manifiesta en la dirección oriental, porque hemos de volver al paraíso y éste se halla en esa dirección, y porque siguiendo las palabras de San Mateo, Cristo aparecerá el último día por el Oriente.

Kitschelt por su parte no hizo énfasis en lo que la ciudad tenía de celeste sino en lo que poseía de imagen urbana, lo que le permitía ver la basílica con criterio realista, no fantástico, a la hora de representar el mundo sobrenatural del cielo. Los elementos característicos de una ciudad de la tardía antigüedad en el siglo IV quedaron así sintetizados, como ha subrayado Rodríguez de Ceballos:

a.- La fachada con sus dos torres (como las de las basílicas de Siria), que se corresponden con las puertas de la ciudad.
b.- La nave central es sencillamente la "via sacra", como la calle porticada de la ciudad romana.
c.- La nave del crucero, si es que la había, tuvo una referencia con el decumanus urbano.
d.- El arco triunfal ante el presbiterio no era otro que el erigido en el cruce de las calles en la parte central urbana.
e.- El santuario reproducía el edificio principal de la ciudad: el palacio imperial.

Fuente: Mensaje simbólico del arte medieval. Santiago Sebastián.

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