LA MEZQUITA COLEGIAL O MADRASA

El criterio funcional aplicado a una tipología de mezquitas conduce, junto a las estructuras independientes para las oraciones diarias, de los fieles y comunitarias, a otros tipos como la mezquita conmemorativa, la funeraria, la mezquita-santuario y la mezquita cementerio así como a la mezquita monástica y a otro tipo cuya importancia es casi igual a la de la yami: la madrasa o mezquita colegial. El problema del Islam es que la nomenclatura es confusa e incluye categorías diferentes que se superponen. Es no sólo que la planta de la madrasa proporcionó, en última instancia, un modelo para la mezquita monástica, sino que también la mezquita monástica, en un estadio temprano de su evolución, pudo haber influido en la planta de la primera madrasa. Fue en Jorasan donde la nueva planta iría por derroteros de conquista revolucionando a la vez la sociedad y la arquitectura.

En el Islam la enseñanza superior, así como la elemental, se basa en las ciencias religiosas y en las disciplinas filológicas afines. La escuela elemental funciona en el interior de las mezquitas, algunas de las cuales, como la de al-Azhar en El Cairo, ofrecen asimismo la posibilidad de cursar estudios superiores; en estos sitios se puede ver a un maestro sentado en un kursi junto a un pilar, con sus pupilos formando un círculo a sus pies. El mérito de haber inventado una estructura hecha ex profeso que contara con aulas y posibilidades de alojar a estudiantes, además de tener algunas características litúrgicas fundamentales, corresponde casi con certeza a Jorasan y su ulterior difusión desde allí fue pareja a la situación política imperante. Cuando los selyúcidas se autoproclamaron guardianes del califato abasí en el año 1055, prácticamente todo el mundo musulmán se había apartado de la ortodoxia sunní. Casi en todas partes había triunfado la herejía: los fatimíes habían entronizado a un anticalifa en El Cairo, desde donde controlaban un vasto imperio; no menos vasto era el imperio de los buyíes, cuya base era Bagdad, la sede del califato ortodoxo, que estuvo a punto de ser abolido, y que abarcaba Irán y Mesopotamia. Pero no controlaban la crucial provincia de Jorasán, que era virtualmente la única región en la que la ortodoxia no había sucumbido, por lo cual el gran visir selyúcida Nizam al-Mulk decidió concentrar allí las fuerzas ortodoxas: la clave de su estrategia era la madrasa.

La casa del Profeta, o más exactamente su patio, había proporcionado el modelo de la yami; y aquí se adaptó otro patio doméstico a las necesidades de la madrasa. La típica casa de Jorasan era de planta cruciforme con cuatro vanos con arcos, llamados iwan, alrededor de un patio central. De modo totalmente fortuito, este trazado coincide con el marco ideal para enseñar las cuatro escuelas jurídicas del Islam ortodoxo consideradas como canónicas; los ritos hanafí, safí, malikí y hanbalí. El espacio comprendido entre cada iwan y la esquina del patio podía ampliarse para acomodar a los estudiantes en celdas dispuestas en uno o dos pisos. Es el factor residencial lo que relaciona la mezquita colegial con la monástica, pero cualesquiera que sean sus orígenes, Jorasan atestigua así el nacimento de una estructura que combina el pragmatismo con la belleza hasta un extremo pocas veces visto. La típica madrasa jorasaní consistía en dos filas de celdas, o huyra, precedidas de diminutos iwan que se extendían alrededor de un patio cuyos lados estaban interrumpidos en el centro por un iwan de la misma altura que la fachada o por una estructura qu esobresalía por encima de la línea de la cubierta. Al iwan de la qibla se le concedía más importancia que a los otros tres, de modo que pudiera servir de oratorio, aunque sin público, así como de alojamiento, entre las obras litúrgicas, al rito que tuviera mayor importancia local. Este tipo de edificio era simétrico y sin embargo al mismo tiempo estaba articulado hacia un punto focal.

El patio de una madrasa puede considerarse como un escenario con las fachadas interrumpidas a intervalos por los enormes iwan axiales, en los que culmina el ritmo de las hileras de iwan pequeños, puesto que éstos describen el mismo perfil aunque a otras escalas. La relación en la que se encuentran unos con otros está modificada también por la muy distinta relación espacial que se obtiene entre éstos y acentos tales como almiares y cúpulas. No resulta sorprendente que el nuevo invento eclipsara pronto al menos espectacular yami, y que lo hiciera hasta en su propio terreno, el litúrgico.

Probablemente las primeras madrasas no eran más que las casas de los maestros y de ahí la idea se reprodujo a una escala monumental apropiada para el imperio selyúcida, cuyas necesidades se quería que sirvieran la nueva institución. El gran visir Nizam al-Mulk, que fue el verdadero gobernante del imperio durante el reinado de Malik Sah, se dio cuenta de las posibilidades incomparables que ofrecía la madrasa para formar los cuadros de funcionarios sin los cuales el estado no podía aspirar a combatir las herejías que amenazaban su existencia. Sin embargo sería erróneo considerar la madrasa como un mero instrumento de la reacción sunní (ortodoxa). Desde sus comienzos, incluso desde la primera palabra de la primera revelación a Mahoma, el Islam tuvo un carácter de civilización literaria y, por tanto, erudita; en tal contexto la adquisición de conocimientos y su transmisión eran primordiales. La madrasa era el instrumento de estos dos fines gemelos, y pronto se estableció una red de ellas que proporcionaba educación superior en casi todas las zonas urbanas del mundo islámico.

La universidad islámica más famosa, la Nizamiyya de Bagdad, se creó en 1067. En jurisprudencia era safií y en teología asarí; evidentemente el papel de la madrasa en teología especulativa puede haber contribuido decisivamente a canonizar el asarismo como teología oficial del Islam. Teniendo en cuenta su fama cabría esperar que conociéramos mejor la Nizamiyya de Bagdad, pero el emplazamiento de la universidad más importante del Islam todavía no se ha excavado, si bien no existe la menor duda respecto a su situación. Puesto que era una madrasa perteneciente a un solo rito (el safií), con unos seis mil estudiantes, es posible que no tuviera más que un iwan.

La Nizamiyya fue finalmente eclipsada por la Mustansiriyya, la madrasa de al-Mustansir, que se creó en Bagdad el año 1234. Excelentemente restaurada, la Mustansiriyya, de cuatro ritos y cuatro iwan, representa al nuevo género en la perfección de su primer florecimiento, antes de qu ela función didáctica fuera superada por la liturgia. El hecho de que en la Mustansiriyya se enseñaran los cuatro ritos tenía algo de excepcional; de unas treinta madrasas de Bagdad, en todas ellas, exceptuando a dos, la Basariyya y la Mustansiriyya, no se enseñaba más que un solo rito. Mientras no haya más datos, sólo se puede suponer que la madrasa sencilla y la múltiple coexistieron hasta que finalmente prevaleció la última.

Las madrasas construidas por los selyúcidas de Rum eran simples y múltiples. Una versión de tres iwans dio como resultado la mezquita de planta en forma de T, que fue la habitual en el primer periodo otomano y que sólo fue sustituida por la mezquita centralizada, dominada por la cúpula, que apareció en Edirne y luego triunfó en Estambul. Una evolución paulatina se observa hasta en la fase de Bursa. Basada en precedentes selyúcidas, la mezquita de Bursa. Basada en precedentes selyúcidas, la mezquita de Bursa tenía un patio cuadrado que, por contracción de los iwans, inesperadamente aparece como una Selimiye en miniatura, anticipándose en unos siglos a la mezquita construida por Sinan en Edirne. En esta última mezquita la estructura en forma de ábside que contiene el mihrab puede interpretarse como un residuo del iwan-i qibla.

Las madrasas selyúcidas de diseño a gran escala, como en Sivas, Divrigi y Erzurum, son estructuras colosales; pero las madrasas de un solo iwan, como la Buyuk Karatay y la Ince Minare, ambas en Konya, son lo suficientemente pequeñas como para permitir que se cubra el patio no con una linterna como en Egipto sino con una cúpula, lo que da como resultado un diseño muy armonioso.

El arte selyúcida de Anatolia comenzó con formas abruptas, brutales, que expresaban el poder en un grado poco habitual, y terminó con la gracia de estas dos madrasas Sirçali ("de vidrio"). Comenzó con elementos grotescos en las fachadas de Sivas y Divrigi, reminiscencias del romántico en su forma más estrafalaria, y terminó en el refinamiento de la portada de la Ince Minare, cuyo carácter escultórico sublima la belleza inherente al diseño selyúcida sin disminuir su fuerza.

En este sentido del poder es la primera impresión que transmite un edificio selyúcida, sea el mausoleo de la princesa Jwand Jatun de Kayseri en Anatolia o la torre funeraria de Qabus en Gorgan, cerca del mar Caspio.

Fue la reconstrucción selyúcida de la mezquita aljama de Isfahan a raíz del incendio de 1121, en forma de madrasa con cuatro iwans lo que llevó a la arquitectura iraní a una trayectoria de la que posteriormente nunca se ha apartado. Ni siquiera la llegada al poder, en el siglo XVI, de los safawíes y la consiguiente proclamación de la sía como religión oficial, con la conversión forzosa de la población sunní del país, afectó a la supremacía de la madrasa. El tipo de mezquita iraní más común proviene de una fusión del tipo local de mezquita en forma de "quiosco", de intención congregacional, con la madrasa, de intención didáctica; y el producto de esta rara "mesalliance" se le añadieron almiares y cúpula. La cúpula corona el quiosco, para el que el iwan de la qibla constituye ahora un vestíbulo, y su importancia la subrayan aún más los alminares añadidos a los lados. La presencia de una cúpula se consideró obligada después de la construcción de la mezquita de Zavare en 1135. Es una paradoja difícil de comprender el que un invento tan decididamente sunní se volviera obligatorio en la región más sií del mundo islámico. Cualesquiera que sean sus inconvenientes al haberse adaptado a fines congregacionales (la visibilidad del imam en una mezquita iraní es prácticamente nula), desde un punto de vista estético la madrasa reformada supone una enorme mejora de la mezquita aljama hipóstila, que en el mejor de los casos nunca tuvo más articulación que la que le daba una nave axial más elevada que las naves laterales. La evolución timurí de este híbrido resultó incomparable, produciendo en Transoxiana, Irán y la India edificios que no tienen rival. La mezquita mogol de planta axial deriva de la mezquita iraní, pero difiere de ella en los detalles. Tres cúpulas y a veces cinco, dispuestas en forma de pirámide sustituyen a la cúpula única de Irán; los alminares regresan a las esquinas del edificio para definir toda la composición mediante un fuerte acento vertical; las dos hileras de celdas se reducen a pórticos de un solo piso cuyas bajas siluetas hacen que los iwans centrales destaquen poderosamente, y a su vez pasan a asumir la función de puertas de entrada; y finalmente todo el conjunto se eleva sobre un enorme plinto, denominado kursí, que otorga así a la mezquita un carácter monumental no superado en otras partes.

Siria nos conduce de nuevo al corazón de la dar al-islam, donde la influencia selyúcida no fue menos importante. En Siria la mezquita más antigua de la que todavía se conserva algo es la madrasa hnafí con planta en T de 1136 en Busdra. La famosa madrasa Nuriyya de Damasco, cuyo antiguo esplendor puede deducirse de la única parte intacta, la tumba de Nur al-Din Zangi, tiene un único iwan frente a un oratorio rectangular, que se extiende lateralmente; sin embargo, el hospital de Nur al-Din tiene cuatro iwans. Las enfermerías o maristans siguen la planta de la madrasa, que alcanzó tal popularidad que se usó indistintamente para manicomios, palacios, caravansares, monasterios e incluso observatorios, asi como para colegios y hospitales. Claro está que a veces es difícil deducir de los restos existentes a cuál de estos cometidos se destinaba un edificio cruciforme.

Una de las consecuencias de la victoria de Saladino sobre los fatimíes en 1171 fue el paso de la madrasa de Siria a Egipto, donde floreció quizás en mayor grado que en otras partes. Las nuevas madrasas ayyubíes seguían el modelo de las madrasas de uno o dos ritos de la Siria zangí, que a su vez había sido el enlace con el arte de los grandes selyúcidas del este. La mayoría de los egipcios permaneció insensible a la propaganda ismailí y seguía siendo sunní de observancia safií. La primera madrasa construida en en Egipto, en 1216, fue un colegio de dos iwans del que aún se conserva el mausoleo de Abu Mansur Ismail. El siguiente edificio egipcio que utilizó el principio del iwan fue una curiosa madrasa gemela (de doble iwan) edificada por al-Malik al -Salih en 1241-2. La primera en tener los cuatro en disposición normal, alrededor de un patio central, fue la Zahiriyya de 1263, edificada por el mismo Baybars que construyó en Damasco la otra Zahiriyya. Estos mecenas reales iniciaron una serie ininterrumpida de madrasas que llegan hasta la Guiryya, construida por Qansuh al-Guri, el penúltimo sultán mameluco. Después de que el último sultán fuera ahorcado en 1517 en la puerta de Zuwayla, el estilo autóctono cedió el paso a la mezquita otomana importada. La mezquita egipcia moderna es una fusión del estilo mameluco con las ideas espaciales de los arquitectos otomanos. Antes de extinguirse, la arquitectura mameluca había producido algunos de los más bellos edificios islámicos que existen. La apoteosis de la madrasa en El Cairo es la del sultán Hasan. Después, mediante una reducción del patio en relación con el espacio ocupado por los cuatro iwans, se halló la posibilidad de cubrir el patio y coronar el edificio en el centro con una linterna. Esta evolución, cuyo mérito corresponde a los mamelucos circasianos, produjo un trazado unificado perfectamente adaptable a fines y congregacionales, tal como lo demuestra el que en ocasiones reaparezca hoy en día (como por ejemplo en la mezquita de Ramla Station de Alejandría), sin que se aspire a otra función que no sea la litúrgica. En estos casos la contracción de los iwans laterales (o su adaptación a fines cuasi litúrgicos como la ablución) asegura la viabilidad del imam mientras oficia en su nicho. Así pues, se puede decir que en Egipto la madrasa, salvo en raras excepciones, ha suplantado a la mezquita aljama.

Fuente: La arquitectura del mundo islámico. George Michell.

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