| LOS ACUEDUCTOS Nuestros conocimientos sobre los acueductos de Roma son muy precisos, y esto no sólo por la notable conservación de algunos de ellos, sino también por la afortunada circunstancia de que nos haya llegado el libro que Frontino (importante personalidad consular del periodo que va de los Flavios a Trajano) escribió mientras desempeñaba el cargo de cuarator aquarum, en el 97 d. C. El texto recoge con exactitud toda clase de noticias preciosas, desde la posición e importancia de los manantiales hasta el recorrido y el alcance de los acueductos, la configuración y la organización del personal empleado en esta rama tan importante de la administración pública romana. Por tratarse de noticias de fuente oficial, son lo más seguro y preciso que se puede imaginar sobre el tema. Aquí tenemos la lista, por orden cronológico, de los nueve acueductos que existían entonces. Más tarde se añadieron el Trajano y el Alejandrino. En total, era enorme la cantidad de agua potable que llegaba a Roma, en este aspecto la ciudad mejor servida no sólo del mundo antiguo sino quizá de todos los tiempos. AQUA APPIA El acueducto más antiguo fue llevado a Roma en el 312 a. C., por iniciativa del censor Apio Claudio el Ciego, el mismo que creó la carretera de su nombre. Se supone que el descubridor de los manantiales, que estaban entre las millas VIII y IX de la Vía Prenestina, fue en realidad Caius Claudius Venox, colega de Apio Claudio en la censura. La longitud de la conducción, casi toda subterránea exceptuado un corto tramo a la altura de la Porta Capena, era de más de 16 km. El acueducto entraba en Roma, como muchos otros, por el paraje llamado ad Spem Veterem, donde hoy se alza la Puerta Mayor. Desde allí se dirigía hacia el Celio para atravesarlo totalmente, cruzaba el valle que mediaba entre el Celio y el Aventino con arcos apoyados en la Porta Capena y, después de atravesar también todo el Aventno por un conducto subterráneo, iba a desembocar junto a la Porta Trigemina, en el Foro Boario. El canal, abierto en muchos puntos, estaba hecho con bloques de toba unidos entre sí y provistos de una cavidad central. La capacidad era de 73.000 metros cúbicos diarios. ANIO VETUS El segundo acueducto de Roma se construyó poco después (272 a. C.), por iniciativa del censor Mario Curio Dentato. Era bastante más largo que el anterior, tenía su origen en el Anieno, en un paraje situado entre Vicovaro y Mandela, entraba en Roma por Spes Vetus, atravesaba el Esquilino por un canal subterráneo y terminaba en las cercanías de la Estación Termini. Su capacidad máxima era de unos 175.920 metros cúbicos diarios. AQUA MARCIA El que aún hoy es uno de los canales más importantes de Roma fue obra del pretor Q. Marcius Rex en el año 144 a. C. También estas aguas provenían del Valle del Anieno; su recorrido total era de algo más de 91 km. Desde la Spes Vetus, lugar obligado de entrada, el canal seguía el trazado de las Murallas Aurelianas, que en parte englobaron los arcos del acueducto, hasta la Porta Tiburtina y desde ella, tras un recorrido correspondiente a la actual calle Marsala, iba a desembocar en las cercanías de la estación Termini, para seguir después hasta el antiguo Ministerio de Finanzas. Algunos ramales nacían en este sitio y se dirigían hacia diversos puntos de la ciudad, en especial el Capitolio, a cuya cumbre sólo con este acueducto se pudo llegar, atravesando la cima que lo unía con el Quirinal. La capacidad de este canal, el segundo después del Anio Novus, era de unos 187.600 metros cúbicos diarios. AQUA IULIA Provenía del manantial Squarciarelli, en la misma zona que el anterior; lo mandó construir Agripa en el 33 a. C. Estos dos acueductos se unieron en un nuevo canal construido entonces, cuya longitud era de 21.677 metros. La capacidad alcanzaba los 48.240 metros cúbicos y su recorrido urbano era el mismo que el del Aqua Marcia. AQUA VIRGO Este acueducto debe su nombre a una joven que llevó hasta el manantial a los soldados que lo estaban buscando. También fue Agripa el que hizo construir en el 19 a. C. este canal, que tenía un recorrido totalmente distinto de los otros: desde los manantiales de Salone, cercanos al de Aqua Iulia, entraba a la ciudad por las laderas del Pincio. A la altura de los Jardines de Lúculo, el canal, subterráneo hasta ese punto, continuaba sobre arcadas, algunas de ellas visibles aún en la calle del Nazareno y en la de Búfalo (aunque se trata de una restauración claudiana, como lo demuestra una inscripción). Después de atravesar la Via Lata por el arco de Claudio, el canal continuaba por la calle del Seminario. Como recuerda Frontino, las arcadas terminaban "delante de los Saepta", es decir, muy cerca del Panteón. Desde allí, por una conducción subterránea, el agua llegaba hasta las Termas de Agripa; es la misma que hoy alimenta la Fuente de Trevi. La capacidad de este acueducto era de 100.160 metros cúbicos. AQUA ALSIETINA Estas aguas, que según cuenta Frontino no eran potables, fueron llevadas a Roma por Augusto en el 2 a. C., y provienen de los lagos de Martignano y de Bracciano; llegaban a Roma a través del Janículo, tras un recorrido de unos 32.185 metros. Es probable que sólo se usaran para alimentar la Naumaquia de Augusto, en Trastévere (15.680 metros cúbicos).
Este acueducto, a la vez que el del Anio Novus, fue iniciado por Calígula en el 38 y terminado por Claudio en el 52 d. C. Sin duda es la realización más grandiosa de todas. El agua se captaba e nel miliar XXXVIII de la Via Sublacense, de los manantiales Curcio y Cerúleo en la zona Arsoli-Agosta, y llegaba a Roma tras un recorrido de 68.681 metros, de los cuales 15.060 iban a cielo abierto, por unos 16 km. de arcadas de toba. Los 10.508 metros previos a la entrada en la ciudad son los de las célebres arcadas que constituyen una de las características más impresionantes de la campiña romana.
A la altura de la Puerta Mayor se separaba un ramal construido por Nerón, que sobre otras arcadas se encaminaba al Celio, siguiendo aproximadamente el recorrido de Aqua Appia. Los arcos son visibles en las cercanías de S. Juan y sobre el arco de Dolabela y Silano; desde este punto se dirigían hacia el templo de Claudio donde alimentaban el ninfeo de Nerón, que estaba sobre el lado oriental. Domiciano prolongó los arcos hasta los palacios imperiales del Palatino, para lo que mandó hacer una obra atrevida que superara el valle entre este monte y el Celio. Tiempo después, Septimio Severo hizo restaurar todo este tramo. La capacidad del Aqua Claudia era de 184.280 metros cúbicos. ANIO NOVUS El Anieno Nuevo, construido al mismo tiempo que el Aqua Claudia, seguía en un gran trecho el trazado de este último. Su longitud total era de 86.876 metros y su capacidad la mayor de todas: 189.520 metros cúbicos. AQUA TRAIANA Se trata de uno de los dos acueductos que se hicieron después de la redacción del tratado de Frontino, y sobre el que tenemos menos información. Se construyó en el 109 d. C., y servía sobre todo al Trastévere, aunque también llegó a alimentar las Termas de Trajano. Su manantial estaba cerca del lago de Bracciano, desde donde el acueducto llegaba al Janículo, después de un recorrido de 32.500 metros, que en un primer trecho seguía las vías Clodia y Casia y después la Aureliana hasta la Puerta S. Pancracio. Un largo tramo de este acueducto, en opus mixtum (sillares y ladrillo), se descubrió en 1912, bajo la actual Academia Americana, en la calle Angelo Masina. El acueducto es en parte el mismo que se usó para Aqua Paola. AQUA ALEXANDRIANA El acueducto Alejandrino es cronológicamente el último; lo mandó construir el emperador Alejandro Severo y llegó a la ciudad hacia el 226 d. C. El agua proviene de una localidad que está 3 km. al norte del pueblo de Colonna, en Pantano Borghese, y llega a Roma sobre las típicas arcadas revestidas de ladrillo, que siguen las Vías Prenestina y Labicana y mueren en la Puerta Mayor. Entre otras, abastecía las Termas Alejandrinas, restauración de las neronianas del Campo de Marte. La capacidad total de los nueve acueductos más antiguos, sobre los que tenemos datos seguros, era, pues, de unos 992.200 metros cúbicos al día. Si se calcula que en la época de Trajano Roma tenía un millón de habitantes, resulta una disponibilidad de casi mil litros por habitante. |
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