LAS GRANDES OBRAS PÚBLICAS - Las murallas Servianas - Las murallas Aurelianas - Los acueductos |
En el foro romano, una construcción cilíndrica de ladrillo marcaba el umbilicus urbis, el centro de una ciudad que a su vez fue centro del mundo. Entre fines de la Edad del Bronce y principios de la Edad del Hierro, una densa serie de aldeas había ocupado casi todas las colinas a lo largo del río Tíber. En el sitio de la futura Roma, sobre el Capitolio, hubo una aldea desde el siglo XIV a. C. La tradición afirma que la ciudad nació gracias a un proceso de sinecismo, por el sometimiento de las aldeas de los contornos al centro habitado más importante, el del Palatino. En la segunda mitad del siglo VII a. C., según la tradición, Anco Marcio hizo construir el primer puente sobre el río, el Sublicio, cuya cabeza de la ribera derecha hizo proteger, para lo que ocupó el Janículo. Al mismo tiempo, se dice, fundó el puerto de Ostia. El desarrollo del centro urbano a fines del siglo VII, y de las posibilidades que le daba su posición privilegiada, explica la intervención inmediata de los etruscos, para quienes Roma se había convertido en un lugar clave. El siglo en el que Roma, aun sin perder su carácter étnico y cultural latino, fue gobernada por una dinastía etrusca coincide con su urbanización definitiva. Desde un punto de vista administrativo la ciudad se dividió en cuatro regiones (Palatina, Collina, Esquilina y Suburana), que abarcaban una superficie bastante más amplia que la originaria del Palatino. Los etruscos construyeron también grandes santuarios, un imponente sistema de canalizaciones y alcantarillado, y el primer edificio para espectáculos (el Circo Máximo). Desde el momento del gobierno de los decenviros y la promulgación de las leyes de las XII Tablas se produce una crisis coincidente con la fase más álgida de las luchas entre patricios y plebeyos, con pérdida de los territorios del Lacio meridional, derivada del ataque de los volscos, una crisis que afecta a toda la península. A principios del siglo IV la ciudad resurge de la fase de repliegue del siglo anterior, con la destrucción de la ciudad rival de Veyes. Pero poco después se produce el ataque de los galos. Los siglos IV y III a. C. se caracterizan por un notable empuje edilicio, cuya mayor empresa fue la reconstrucción de las murallas. Al mismo tiempo se hicieron los grandes edificios del Capitolio y el Palatino, y se construyeron o reconstruyeron varios templos. Se crean algunas calles (Via Apia) y el primer acueducto. Se instalan en la ciudad fábricas de cerámica de gran calidad, y en las plazas se erigen estatuas de bronce. Este desarrollo monumental coincide con la conquista de la península y después con la de Sicilia y Cerdeña. Esta fase es la clásica de la República romana, cuya fuerza de expansión se basa sobre todo en una extensa clase de medianos y pequeños propietarios de tierras, que constituyen el núcleo del ejército. Estos pequeños y medianos propietarios se arruinaron después de las guerras de Aníbal y de Oriente. Así surge una clase de proletarios que emigran a Roma. El poder se concentra en manos de poquísimas familias senatoriales, que también poseen el poder económico. Los dos últimos siglos de la República son determinantes desde el punto de vista urbanístico. El enorme crecimiento de la población exige la creación de grandes barrios populares, con casas de alquiler de varias plantas. Por otra parte, la presión de esta masa de ciudadanos, y el deseo de obtener su apoyo, lleva a los miembros de las grandes familias dominantes a una política de prestigio. El Foro, el Capitolio y en especial el Campo de Marte se van cubriendo de pórticos, jardines, templos monumentales, edificios para espectáculos, a la vez que se construyen nuevas estructuras para atender al aprovisionamiento de la ciudad. Este aspecto monumental se va extendiendo a otras zonas de la ciudad, como el Foro Holitorio y el Foro Boario. En paralelo al desarrollo de la construcción pública se produce la expansión de la construcción privada. Cicerón nos hace saber que César tenía pensado renovar por completo el aspecto de Roma: un grandioso plan preveía intervenciones en distintos barrios, y sobre todo en el Campo de Marte y en Trastévere; entre otras cosas estaba previsto desviar el Tíber. La muerte del dictador puso fin a estos proyectos; no obstante, las decisiones de César determinaron en parte el futuro desarrollo del centro de la ciudad. La política urbanística de Augusto es menos radical que la de César, aun cuando se relaciona con ella directamente. La ciudad se reestructura por completo y se divide en 14 regiones, con una organización que llegará hasta fines de la época antigua. Se construyen nuevos acueductos, las primeras termas públicas, dos teatros y un anfiteatro. El Foro Romano, una vez perdida su función política originaria, adquiere su aspecto definitivo de plaza monumental, y al de César se añade uno nuevo, el Foro de Augusto. La obra de los primeros sucesores de Augusto sigue, en esencia, la línea determinada por él. Sólo Nerón propone algunas novedades sustanciales, para lo que daría ocasión el gran incendio del 64 d. C., que destruyó por entero tres de las regiones augustales, produjo grandes daños en otras siete y, por lo tanto, sólo respetó cuatro de ellas: construcción de la Domus Aurea, el anfiteatro Flavio, las termas de Tito. Un nuevo incendio en el 80 d. C. se vio seguido por la reconstrucción casi total del Campo de Marte y del Capitolio; también se hicieron nuevos edificios, en especial un nuevo foro, el Transitorio, el arco de Tito y el templo dedicado a Vespasiano y Tito. En el Campo de Marte hay que recordar el Estadio y el contiguo Odeón, el templo de la Gens Flavia, y el nuevo palacio del Palatino. El siglo II d. C., desde Trajano hasta los Severos, señala el momento de la máxima expansión, incluso demográfica, de la ciudad. En el plano de la construcción pública, el comienzo del siglo está marcado por la edificación del más grande y monumental de los Foros Imperiales, el de Trajano. Para que hubiera espacio fue preciso nivelar la cima existente entre el Quirinal y el Capitolio y demoler varios edificios antiguos. Con Adriano y Antonino Pío la actividad edilicia llega a su punto más alto: Villa Adriana, mausoleo de los Antoninos, barrios enteros de insulae de varias plantas. A un nuevo incendio en tiempos de Cómodo (191 d. C.), seguiría una notable cantidad de trabajos en el tiempo de los Severos. Tenemos un plano de la ciudad en estos años, en su punto máximo de desarrollo: se trata del grabado en mármol en tiempos de Septimio Severo. Durante el siglo III se produce una violenta crisis económica y social en el Imperio, y también la construcción sufre por ello y casi se paraliza. Con Diocleciano y la Tetrarquía hubo una recuperación, paralela al intento, logrado a medias, de reestructurar por completo el Imperio. El incendio de Carino, en el 283 d. C., había destruido gran parte del centro de Roma: la reconstrucción, emprendida a toda prisa, se centró en el Foro de César, la Curia, el templo de Saturno, el teatro y los pórticos de Pompeyo. Pero Diocleciano quiso unir su nombre a un gran edificio totalmente nuevo: así fue como se construyeron las Termas de Diocleciano, las mayores de todas. También con Majencio, que consideró a Roma como su capital y en cuyo programa hay una intención evidente de dar nuevo valor a la urbe antigua y ya decadente, observamos una gran actividad edilicia, con iniciativas como la reconstrucción del templo de Venus y Roma, la nueva villa imperial, el circo y el sepulcro dinástico en la Via Apia y, sobre todo, la gran basílica, que sería terminada por Constantino, quien completó varias de estas obras y dio comienzo a otras. Pero su atención se dirigió prontamente a la nueva capital, Constantinopla. Desde este momento todas las energías de las autoridades urbanas se centran en la mera conservación y restauración de los viejos monumentos que, tras perder la mayor parte de sus funciones, quedaron abandonados a una destrucción inexorable. Junto a la vieja ciudad, o sobre ella, entre tanto iba surgiendo otra nueva: la Roma cristiana. |
:: Menú principal ::